Escrita en 1941 y reeditada en España casi 70 años después, es un relato más antibelicista que militante, que explora las contracciones de la guerra e impacta por la viveza de los retratos del Madrid del ‘No pasarán’

Pertenezco a una generación de lectores que -más por los silencios que nos rodearon, que por activismo- tenemos inclinación hacia la narrativa sobre la Guerra Civil española. Con esa expectativa me lancé, por ejemplo, a La península de las casas vacías, de David Uclés. Pero no encontré ni la magia ni el realismo —me permito el juego— de ese “realismo mágico” que ha aplaudido la crítica y que ha seducido a tantos lectores. No pude terminar la novela.
No me ha ocurrido lo mismo con el último libro sobre ese periodo histórico que ha caído en mis manos: ‘Contra viento y marea’, de María Teresa León (1903-1988). Escrita en 1941, ha permanecido inédita en España durante casi 70 años. Hasta que se recuperó primero con una edición universitaria y, más recientemente, por la Editorial Atrapasueños.
Todas las guerras son guerra civil
Conocida la militancia de María Teresa León, la primera sorpresa ha sido haberme topado menos con una novela militante que antibelicista, que expone contradicciones y explora los resortes que alimentan las contiendas civiles. Porque todas las guerras son guerras civiles, viene a decir.
«Desde hace miles de años, sobre la faz del mundo no hay más que guerra civil (…). Cuando todo parece corregido y una divina luz de esperanza, el viento apaga la candela del hogar y el hombre se aleja. Cuando vuelve, vuelve desde muy lejos. Todos llegan del punto más distante del destino, sufriendo su condición de hombre con los ojos dilatados de gloria o de miedo, iguales, iguales entre sí, como dos ejércitos en días de combate».
Vale la pena leerla por muchas razones. Entre ellas, por las palpitantes descripciones del Madrid del No pasarán. Desde los bombardeos —“Por miles de escaleras bajaban hombres y mujeres salvando jarras, el retrato de boda, un florero, un colchón, un gramófono…¡Pobre ajuar!” — hasta el hacinamiento de parte de las élites en las embajadas o la obstinación de la vida a pesar de todo.
“Nadie se iba si su casa estaba en pie. Madrid resistía homogéneo y bien trabado en su vida ciudadana, sin un resquicio de desorden interior. Ese fue el milagro”.
La novela impresiona también por la pluralidad de puntos de vista femeninos y por la ensoñación a partir de la realidad más cruenta, pero sin impostura. Y puede que de eso haya surgido la comparación extemporánea con Uclés.
«Sobre los tejados que solo habían sentido la lluvia, el granizo, el cierzo o la luna volaron aviones. La primera bomba cayó sobre la España feudal llenándola de terror».
La Habana y Madrid
Hay que aclarar también que ‘Contra viento y marea’ viene a ser dos novelas en una. La primera parte, la mitad de sus cerca de 400 páginas, transcurre en una Isla de Cuba tan cercana todavía en aquellos años 30 a España, como desconocida hoy en su primer devenir histórico, sugerente y subyugada al monocultivo azucarero, patria de acogida para tantos en los que causó impacto la Guerra de España.
Es la segunda parte la que se centra en una Guerra Civil mesetaria, en una novela a la que Isaac Rosa se refiere en el prólogo de la edición de Atrapasueños como «excepcional», a la altura de las mejores entre las que firmaron los testigos directos de la contienda, como Arturo Barea. Esta está escrita además por una de las mujeres de la Generación del 27, que casi un siglo después continúan en las márgenes. Lo mejor es que juzguen ustedes mismos.
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