El fin de los prejuicios hacia el mundo rural

Vivir en un pueblo ya no es renunciar ni descolgarse de nada, es sólo una opción

Cuando empecé a escribir noticias en los periódicos sobre territorios y comarcas más allá de la capital, el fin de los prejuicios hacia el mundo rural estaba todavía lejos. De hecho, hubo quien me conminó a no utilizar la palabra pueblo. No debía referirme a los ‘vecinos del pueblo’ o a los ‘pueblos de la comarca’, sino optar por municipio, un término que, según consideraba aquel compañero, carecía de «connotaciones peyorativas».

El argumento me dejó perpleja. En parte, porque no tenía que ver con una correcta redacción, sin redundancias y con precisión al referirse a la población o villa en sí y a la entidad administrativa local, respectivamente. Pero también porque soy de pueblo y jamás se ocurrió hablar de mi municipio. Nunca, ningún colectivo, cuando contactaban conmigo buscando el eco en la prensa a sus preocupaciones, me habló de otra cosa que no fueran problemas de su pueblo. Daba igual que fueran de El Madroño o de Dos Hermanas.

El éxito de la ‘España vacía’ como concepto

La anécdota me sirve para ilustrar lo que creo que, a día de hoy, es el poso que queda de aquel debate que se produjo a mediados de la década pasada en torno al mundo rural y a la despoblación y lo que propició. Ese sedimento existe, aunque apenas se haya logrado revertir la pérdida de vecinos en núcleos pequeños y envejecidos y donde los jóvenes tienen pocos hijos, si los tienen. El mundo rural no es distinto al urbano tampoco en esto.

Al menos en Andalucía, se materializa en una mirada distinta de las generaciones nuevas, que ya no tienen los perjuicios hacia el mundo rural y los clichés forjados en los años de subdesarrollo y emigración masiva a las ciudades y que llevaban a concluir todavía en los 90 que hablar de pueblos podía resultar ofensivo a quienes los habitan o son oriundos de alguno.

Aquel debate tuvo que ver mucho con un concepto afortunado: el de la España vacía. El título del ensayo de Sergio del Molino fue una percha perfecta. Brilló en el imaginario colectivo, lucía en los titulares. En los periódicos, personas que jamás se interesaron por la información de provincia, por las comarcas y sus desafíos querían escribir y leer sobre la Andalucía vacía, en donde la expresión remite sobre todo a la sensación de estancamiento. Antes, investigadores como Luis Camarero ya habían abordado el fenómeno sociodemográfico y Julio Llamazares lo noveló en los años 80, en La lluvia amarilla.

En cualquier caso, se puso el foco en el mundo rural. Lo interesante es que coincidió poco después con la eclosión de las redes de internet que, superada la brecha digital, permiten hacer gestiones y trabajar desde cualquier parte. El cambio de mentalidad, tanto en los trabajadores como en las empresas, se generalizó tras los confinamientos por la pandemia. Coincidió también con el desarrollo de tecnologías -por ejemplo, de autogeneración de energía- que facilitan autonomía, la conexión y el confort incluso en hogares situados en núcleos con déficits de infraestructuras.

Ahora sí, vivir en un pueblo es una opción para todos

Ese cambio de mirada no es una revolución, que nadie se confunda. Pero, como habitante de los dos mundos que soy -del urbano y del rural-, la percibo claramente. En los años 90, pocos de los que salían de los pueblos para estudiar se planteaban un futuro laboral en ellos. Hoy sí lo hace una parte. Incluso para emprender. Los pueblos se han convertido también en una opción para el reciclaje personal y laboral que muchos ciudadanos afrontan en el ecuador de su vida adulta.

Que sean pocos en términos numéricos quienes materializan esos impulsos de quedarse, de volver, de empezar en una zona rural, el que la apuesta no esté exenta de dificultades, no resta importancia al cambio de paradigma. El poso que nos ha dejado el debate sobre la España vacía y sus posibilidades es que vivir en un pueblo ya no es renunciar, no es aislarse, ni descolgarse. Es sólo una opción. Tan simple. Tan importante.

Así lo veo yo #mientrascamino.


Descubre más desde Mientras Camino

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario